La racionalidad de la grieta: Una crítica estructural
La economía peruana no se sostiene sobre la formalidad empresarial ni sobre
la estabilidad monetaria; se sostiene, a pesar de ellas, sobre una estructura
de autogestión invisible para el Estado. La narrativa económica ortodoxa
insiste en clasificar a la informalidad como un residuo accidental o una
patología sistémica. Tras años de trabajo interdisciplinario y gestión
cultural, afirmo lo contrario: es la racionalidad productiva que mantiene al
país operativo.
Mi práctica artística e investigativa en Perú me ha permitido constatar que
la reproducción económica del Perú descansa sobre redes comunitarias que
generan valor y sostienen la vida cotidiana fuera del control estatal. Esta
capacidad de autogestión no es desorden; es una arquitectura social que opera bajo
sus propias reglas, una lógica que excede la miopía de la burocracia actual.
La evidencia teórica y práctica respalda esta tesis:
1. Desde
la praxis relacional: Mi investigación sobre la Práxis de la Plenitud
Relacional (Kawsay) demuestra que no estamos ante una abstracción, sino
ante una resolución técnica y ética frente a la clausura de los sistemas
rígidos. La interacción humana se reorganiza en torno al bienestar común
precisamente cuando el Estado falla en proveerlo (Torres Mamani, 2026).
2. Desde
la gobernanza institucional: Este fenómeno se explica perfectamente
mediante la gobernanza de los bienes comunes de Elinor Ostrom (1990). La
informalidad no es ausencia de orden, sino la presencia de otras instituciones
—reglas de reciprocidad, control colectivo y autogestión— que la teoría
económica dominante es incapaz de procesar por su sesgo antropocéntrico.
La insistencia en una formalización indiscriminada no es desarrollo; es un
riesgo estructural. Es la intervención de un sistema que, por desconocimiento,
amenaza con destruir la única red de sostenibilidad real que funciona en
nuestras regiones.
El problema no es la informalidad; es el diseño estatal que ha quedado
obsoleto. La cuestión ya no es si el Estado debe "tolerar" a la economía
popular, sino hasta cuándo seguirá ignorando que el país funciona mediante
lógicas de autogestión que no caben en sus categorías tradicionales.

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